Coleman Hawkins: Body and Soul

Sello: RCA
Fecha de publicación: 1996
Fecha de grabación: 1939-1956

Octubre de 1939. Coleman Hawkins regresa de Europa y graba, entre otros temas, una versión definitiva y revolucionaria del clásico “Body and Soul” modificando el curso del Jazz, y abriendo camino a los músicos que poco después lo cambiarían completamente.

Después de pasar casi 10 años junto con la orquesta de Fletcher Henderson, y aprovechando una gira de éste por el Reino Unido, Hawkins decidió no regresar a Estados Unidos y vivió, principalmente en Holanda, durante cinco años. Durante su estancia siguió tocando con regularidad, y actuó con otros legendarios músicos como por ejemplo el clarinetista Sidney Bechet, otro “exiliado” que diez años más tarde abandonaría su Nueva Orleáns natal para instalarse definitivamente en el viejo continente. No se sabe muy bien cual fue la causa de su regreso, quizá fuesen los pequeños cambios que gestaban en el Swing tradicional músicos como Count Basie, Teddy Wilson y la asociación Lester Young-Billie Holiday que tan buenos resultados producía tanto en grandes orquestas como en reducidos grupos de músicos tocando con más libertad de la que una Big Band proporcionaba.

Precisamente fue Lester Young quién había “usurpado” temporalmente a Hawkins el título de mejor saxofonista de Jazz. Es innegable la calidad de lo que hizo Young junto a Basie y con Wilson junto a Billie Holiday, pero lo cierto es que Coleman, ciertamente olvidado en Norteamérica durante su periplo europeo, recuperó gracias a “Body and Soul” el trono que merecía. Dejando a un lado rivalidades que en muchos casos, y por descontado en este en particular, no eran otra cosa que opiniones de seguidores y de la prensa, Hawkins y Young tenían una manera muy distinta de tocar su instrumento, y además no tenían problema personal alguno, si no más bien todo lo contrario. Algo estaba cambiando dentro de las entrañas del Jazz, algo muy grande que no tardaría más que meses en aparecer, y tanto Coleman como Lester fueron sus principales maestros, y más tarde, valedores y entusiastas.

Pero volvamos al disco que nos ocupa. Hay muchas ediciones y colecciones en las que aparece el tema “Body and Soul”, pero que yo sepa no hay ninguna con calidad razonable que incluya tan sólo las sesiones grabadas en 1939. Por lo tanto esta recopilación, que cuenta con un sonido fantástico, servirá perfectamente ya que además de dichas sesiones recopila temas de 1940 grabados por Hawkins junto a un grupo de músicos más amplio, de 1946-47 en plena ebullición del “be-bop” y por último de 1956, con otra interesante versión de “Body and Soul”.

Benny Goodman: The Famous 1938 Carnegie Hall Jazz Concert

Sello: Columbia
Fecha de publicación: 1999
Fecha de grabación: 1938

Y el Jazz se hizo respetable. No, qué va, ni en broma.

Sólo quince días después del “contest” contra la banda de Chick Webb en el Savoy, Benny Goodman tocaba en el famoso Carnegie Hall, templo teatral de la clase media-alta neoyorquina, en el que es uno de los conciertos más famosos de la era del Swing. Pero no es por el hecho de haberse realizado allí (que más podría verse como una intromisión e invasión del popular y mundano Jazz en ambientes más “respetables” que lo contrario) si no por la calidad indiscutible del concierto. Si lo que pretendía Goodman era realizar una especie de resumen de lo que había sido y era el Swing, no cabe duda que lo consiguió. Quizá como método didáctico para los ‘nuevos’ oyentes o quizá para asegurarse que al menos alguna parte de lo que iba a interpretar gustaría a los asistentes del Carnegie, Goodman combinó sus grandes éxitos con una especie de retrospectiva de ’20 años de Jazz’. Cuenta el propio Benny en los comentarios en audio incluidos en esta edición, que realmente no sabía lo que se iba a encontrar una vez comenzado el concierto, si el público reaccionaría bien ante el cuidado repertorio que había preparado, que incluía miembros de distintas orquestas y variaciones y permutaciones entre ellos. Pero ya durante el primer tema, ‘Don’t Be That Way’, se puede apreciar que el serio público se había rendido a los pies del ‘Rey del Swing’.

Y es que aquí hay de todo: Goodman con su Big Band (incluído el gran Harry James en la trompeta), Goodman con su trío, Goodman con su cuarteto (sí, junto a Gene Krupa y el propio Benny estaban encima del escenario Teddy Wilson y el legendario vibrafonista Lionel Hampton, a pesar de su oscuro color de piel), a los cuales se unen durante “Honeysuckle Rose” nada menos que Count Basie, Lester Young y el saxophonista de Duke Ellington Johnny Hodges. Una jam session histórica, no cabe duda. Con respecto a la mezcla interracial evidente, no penséis que las cosas habían cambiado en un par de años. Goodman decidió mandar a paseo la segregación imperante, así como lo hizo Artie Shaw girando con Billie Holiday, pero aquello no significó que fuera aceptado por la mayor parte de la sociedad e incluso de algunos seguidores del Jazz.

Muy pocos sabían que lo que se pudo escuchar aquel día en el Carnegie Hall estaba siendo grabado (parece que se le entregó al propio Goodman una copia), y no fue hasta 1950 cuando Columbia editó una primera versión del concierto, después de que el propio músico localizara dicha copia en un sótano de la casa de su cuñada. El sonido dejaba bastante que desear, y no se editó el concierto completo, pero aun así se convirtió en el primer disco de 33 1/3 rpm en superar el millón de copias vendidas. Más tarde, en 1987, una segunda versión en formato de doble CD fue sacada al mercado. Se eliminaron los ruidos de fondo típicos de la edición en triple vinilo de 1950, consiguiendo un sonido limpio y pulcro, pero tampoco contenía la totalidad de las canciones interpretadas aquel legendario 16 de enero de 1938.

Por fin, en 1999 el productor Phil Schaap, tomando como base los recién descubiertos discos de aluminio en los que se transcribió por primera vez el concierto, añadió “Sometimes I’m Happy” y “If Dreams Come True" consiguiendo de esa manera, más de 60 años después poner a disposición del público una versión completa, auque no exenta de polémica. Schaap decidió no eliminar ninguno de los chasquidos e imperfecciones sonoras, y aunque durante el proceso de remasterización consiguió que la batería de Krupa, el vibráfono de Hampton y la guitarra de Freddie Green sonaran como nunca, sigue habiendo gente que prefiere la edición de 1987 con respecto a esta.

Poco más voy a comentar acerca de este imprescindible documento sonoro. Es cierto que Goodman no es mi músico/compositor de Jazz favorito, es más, ni siquiera lo pondría a la cabeza de mi ranking particular de líderes de Big Band, pero sí es cierto que el 16 de enero de 1938 preparó uno de los conciertos más importantes y emotivos de los más de 100 años de historia de esta música llamada Jazz.

Chick Webb & Ella Fitzgerald

Chick Webb and His Orchestra: 1929-1934/1935-1939
Ella Fitzgerald: 1935-1937/1937-1938/1938-1939/1939/1939-1940/1940-1941
Sello: Classics

Chick Webb, batería y líder de una de las bandas más importantes de los años 30. Aunque quizá se le recuerde más por su condición física, ya que Webb nació con tuberculosis en la espina dorsal y como consecuencia de ello su crecimiento quedó atrofiado. Casi enano, jorobado y con dificultades para andar, Webb nunca tuvo problemas para mostrarse ante el público y desde luego su carrera artística no es sólo una historia de superación personal, y tampoco estamos hablando de un pobre paralítico que llegó a tener más o menos fama durante la época del Swing.

La orquesta de era puro fuego encima del escenario y Webb no tenía intención de convertirse en una celebridad ni de aparecer en los libros de historia como una leyenda del Jazz. Lo más importante para él, parapetado tras su extraña batería, era tocar más fuerte y más duro que cualquiera de sus orquestas “rivales”. Y digo rivales porque precisamente así fue como la orquesta de Webb adquirió cierta notoriedad. Una de las salas de baile más importantes de la época era el Savoy, donde se celebraban a menudo “Big Band Contests”, cruentas batallas entre dos orquestas de Jazz. El más importante de estos concursos tuvo lugar en 1938, concretamente el día de año nuevo. ¿Su contrincante? Nada menos que Benny Goodman. La expectación creada superó todas las expectativas. Más de 4.000 personas se reunieron dentro del Savoy, y otras tantas tuvieron que quedarse fuera, causando monumentales atascos en el centro de Nueva York. Cierto es que Webb jugaba en casa (el Savoy era su centro de operaciones) pero todos pensaban que Goodman, el “Rey del Swing”, resultaría ganador. No fue así, y el mismísimo Gene Krupa, batería de la orquesta de Benny Goodman, reconoció poco después su derrota a manos del tullido Webb.

Chick Webb será recordado también por haber descubierto a una de las grandes damas del Jazz, Ella Fitzgerald. Ella había tenido una infancia igual de dura que la de Billie Holiday, pero su manera de cantar no tenía nada que ver; eran polos opuestos. Vivaz y optimista, Fitzgerald hizo su debut en la banda de Webb poco después de haber ganado un concurso amateur de cantantes celebrado en el Apollo. Por lo que cuenta Ken Burns, Webb necesitaba una vocalista para su banda, y le pidió a uno de sus amigos, el saxofonista Benny Carter, que recorriera Nueva York en busca de una nueva promesa. Carter escuchó cantar a Ella y no se lo pensó dos veces antes de ponerla en presencia de Webb. Nada más ver a Lady Ella (que no era precisamente una chica delgada ni voluptuosa) exclamó: “No pretenderás que ‘eso’ suba a cantar a mi escenario, ¿verdad?”. Sin embargo, y ante la insistencia de Carter, le hizo unas pruebas y quedó prendado, no ya sólo con su bonita voz, si no con el potencial comercial que la dulce Ella podría proporcionarle.

Lo que empezó así de mal terminó de una manera completamente distinta. Webb tomó bajo su protección a Ella, que literalmente no tenía un sitio donde dormir, y poco antes de morir en 1939 le dijo a sus músicos: “cuidad de Ella”. Pero no hizo falta: la cantante mantuvo unida a la banda, ya con el nombre de “Ella Fitzgerald Orchestra” hasta su disolución en 1942.

Podéis comprar/pedir prestado/conseguir cualquiera o todos los volúmenes de la serie de seis CDs que el sello Classics publicó y que cronológicamente recogen todo lo que hizo Ella Fitzgerald junto con la orquesta de Chick Webb, tanto cuando vivía el gran batería como cuando Ella se hizo cargo de la misma, además de alguna otra colaboración con otras grandes bandas de la época, aunque el segundo volumen grabado entre 1937 y 1938 y en el cual aparece su megahit “A-Tisket, A-Tasket” es más que suficiente para coleccionar una muestra del nacimiento de una gran cantante, para muchos la mejor de la historia del Jazz. Y es que aunque la todavía adolescente Ella demuestra ser capaz de cantar con un sentido envidiable del Swing todo lo que le echasen (y de componer algún buen tema como "Spinnin' the Webb"), no esperéis encontrar aquí lo que la convirtió en la merecida leyenda que es en la actualidad. Eso llegaría unos años más tarde.

Sin embargo, sí resultan imprescindibles los dos discos editados por el mismo sello y que recopilan grabaciones realizadas entre 1929 y 1934, esta vez sin la participación de Ella Fitzgerald, y que dan una muestra más que suficiente de lo que era capaz Chick Webb cuando no se limitaba a acompañar a la dulce Ella.

Count Basie: The Complete Decca Recordings

Sello: Decca
Fecha de publicación:
Fecha de grabación: 1937-1939

Cuentan en la excepcional serie de documentales de Ken Burns que una noche el siempre inquieto John Hammond, aburrido y cansado de escuchar la misma música de siempre, salió de un ballroom y se metió en su coche. Seguidamente sintonizó en el dial una emisora de Kansas City, en la cual escuchó algo que le dejó perplejo. Una banda de Swing que sonaba distinta a todo lo que había escuchado antes. Era Count Basie. Como es bien sabido, el Jazz nació en New Orleans, Chicago se convirtió poco después en la capital de ese nuevo tipo de música, sobre todo cuando Armstrong se marchó de la ciudad más grande de Louisiana para reunirse con su mentor e ídolo King Olivier en la denominada “Ciudad del Viento”, y más tarde Nueva York acogió en su seno a todas las Big Bands que pretendían ser más o menos importantes. Pero, ¿Kansas City? Count Basie no era, claro está, el único músico en la escena de esa ciudad, pero sí era el mejor, y lo que fue más importante para Hammond, no era un previsible y redundante grupo de jazzmen siguiendo las pautas de todo lo que se había inventado años atrás.

Hammond no se lo pensó un momento y se fue a Kansas City para conocer a Basie, y quedó tan encantado que se decidió a hacer una estrella de él, y se lo presentó a toda la gente influyente de la prensa y de sellos discográficos. Count Basie abandonó Kansas City, actuando en ciudades como Chicago, Boston y Nueva York.

Lo que encontramos en esta caja son las grabaciones que realizó para la Decca entre 1937 y 1939, y recopila 63 clásicos, en los que se puede apreciar perfectamente lo que Hammond entendió por ‘diferente’. Durante esos tres años, Basie también grabó para Columbia, pero casi todos los temas legendarios, y que interpretaría hasta su muerte en 1984, están aquí: “Jumpin’ at the Woodside”, “One O’Clock Jump”, “Blue and Sentimental”, y memorables versiones de Standards americanos compuestos por Gershwin, Porter, Rodgers & Hart…

Por otro lado, nada podía fallar teniendo en cuenta los músicos que formaban parte de la orquesta de Basie: el batería Jo Jones, el trompetista Buck Clayton, el propio Count al piano, y por supuesto, Lester Young marcando diferencias tocando su saxofón como nadie lo había hecho desde la partida de Coleman Hawkins de la banda de Fletcher Henderson. Lester compaginó su trabajo en la banda de Basie con sus colaboraciones en el pequeño grupo de músicos que Hammond preparó para acompañar a Billie Holiday, tal y como comentabamos en la reseña del anterior disco.

Sólo Count Basie y Duke Ellington fueron capaces de seguir girando por Estados Unidos una vez que el Swing dejó de hacerse popular. A finales de la Segunda Guerra Mundial, nadie iba a los lujosos salones de Nueva York a bailar con el frenético ritmo que había definido los años 30. América se había convertido en la primera potencia económica, la gente no necesitaba evadirse de la depresión económica ni del racionamiento impuesto durante la guerra, y cientos de bandas de Swing se quedaron sin trabajo. El enemigo también estaba en casa, y el be-bop causaría estragos en el jazz más clásico. Pero Count y Duke demostraron ser los más perdurables, y sin duda, los mejores.

Lady Day: The Complete Billie Holiday on Columbia 1933-1944

Sello: Columbia
Fecha de publicación: 2001
Fecha de grabación: 1933-1944

Complete Billie Holiday 1933-1944. ¿Hace falta decir más? La respuesta es sencilla: O escuchas esta caja y pierdes de vista el mundo durante el tiempo que haga falta, sin necesidad de desgranar las circunstancias de cada una de las canciones, o bien investigas y escarbas en cientos de libros, páginas web, blogs y donde haga falta para intentar comprender cómo es posible que tanta belleza y sentimiento se reúna en estos diez discos. Y ya que la primera posibilidad la he realizado en innumerables ocasiones y la segunda dependerá del grado de sensibilidad e interés del que escuche la voz de Billie, voy a intentar resumir brevemente mediante palabras lo que se encierra en estas grabaciones.

27 de noviembre de 1933. “Your Mother Son-In-Law”. Billie graba esa canción gracias al legendario productor John Hammond (el cual, además de Holiday, descubrió a Aretha Franklin, Bob Dylan y Bruce Springsteen) y lo hace nada menos que junto a Benny Goodman. También grabaría con Goodman otro tema, “Riffin’ the Scotch” y no fue hasta mediados del año 1935 cuando volvió a meterse en un estudio para registrar varias oscuras canciones junto al grupo del pianista Teddy Wilson. No hay que olvidar que por aquellos años el segregacionismo ya no sólo no permitía que existieran orquestas o grupos interraciales, si no que además las grandes composiciones que conseguían las discográficas se reservaban para grupos más comerciales y exitosos, que casualmente estaban compuestos por blancos. Benny Goodman, el Rey del Swing, como se le llamaba por entonces, compaginaba sus grabaciones con su Big Band con otras realizadas con un pequeño cuarteto, con el que no ofrecía actuaciones en directo. ¿La razón? Muy sencilla: su pianista, Teddy Wilson, era negro. Estas grabaciones dieron a Billie cierto reconocimiento y popularidad, aunque el punto de inflexión en su carrera se produjo a comienzos del año 1937, cuando conoció a Lester Young, miembro de la orquesta de Count Basie, otra figura legendaria en el Jazz descubierta, como no, por John Hammond.

Lester y Billie continuaron su relación artística varios años más, y se convirtieron en inseparables amigos del alma, lo cual fue algo extraño teniendo en cuenta el temperamento de Billie, que fue expulsada poco después de empezar un tour junto a la orquesta de Count Basie y que tampoco acabó muy bien en su periplo junto a la banda de Artie Shaw en 1938 (una de las primeras veces en las que una cantante negra actuó en público junto a una orquesta de blancos). Nunca tuvieron una relación sentimental y probablemente eso fue lo que consiguió que la temperamental y promiscua Billie fuera capaz de respetarle durante tanto tiempo. Incluso se dedicaron sobrenombres afectuosos: Holiday le llamaba ‘Pres’ y Young a ella ‘Lady Day’.

Ya a mediados de los años 40, coincidiendo con el final de su contrato con Columbia, Billie comenzó su particular descenso a los infiernos. Alcohol, opio, heroína, dos matrimonios con individuos nada recomendables, un año confinada en una prisión federal de Virginia por posesión de drogas y todos los recuerdos y traumas de su desdichada y violenta infancia y adolescencia la cambiaron para siempre. Pero, ¿significó todo esto su final como artista? No, y me atrevería a decir que todo lo contrario, aunque hablaremos de ello a su debido tiempo.

Como curiosidad, y además de todos los temas grabados junto a su propia orquesta y la de Teddy Wilson que acaparan casi la totalidad de los primeros 7 discos (en los cuales se encuentran todos los master takes) aparece la canción “Saddest Tale” grabada junto a la orquesta de Ellington para la controvertida “Symphony in Black” compuesta en 1935, y unas sesiones registradas con las bandas de Eddie Heywood y Benny Carter.

Dicho todo esto, podría parecer que esta caja es completamente perfecta, pero no es así; falta uno de sus temas más emblemáticos y conocidos: “Strange Fruit”, qué ante la negativa de Columbia, tuvo que ser grabada en un pequeño sello llamado Commodore. El porqué tiene que ver con la naturaleza de la canción, un alegato en contra del racismo en general y contra las ejecuciones y asesinatos de negros perpretadas principalmente en el sur de Estados Unidos. “Strange Fruit” se refiere a la “extraña fruta” que no era otra cosa que los negros que ahorcaban de las ramas de los árboles. Billie comenzó a cantar dicha canción en 1938, pero cuando llegó el momento de grabarla, se encontró con el rechazo de su sello discográfico debido a su más que explícita letra:

Southern trees bear strange fruit,
Blood on the leaves and blood at the root,
Black bodies swinging in the southern breeze,
Strange fruit hanging from the popular trees.

Pastoral scene of the gallant south,
The bulging eyes and the twisted mouth,
Scent of magnolias, sweet and fresh,
Then the sudden smell of burning flesh.

Here is fruit for the crows to pluck,
For the rain to gather, for the wind to suck,
For the sun to rot, for the trees to drop,
Here is a strange and bitter crop.

Duke Ellington: Centennial Edition: Complete RCA-Victor Recordings

Sello: RCA- Victor
Fecha de publicación: 1999
Fecha de grabación: 1927-1973



Efectivamente, las pequeñas trampas empiezan a hacerse evidentes. ¿Una caja de 24 CDs? ¿No era la de Louis Armstrong de otros cuatro? ¿Nos deja ya esto con sólo otros 21 discos para completar los 50? No, evidentemente no. Hay ocasiones, sobre todo en las grabaciones pertenecientes a los años 20, 30 y 40 en las que una buena caja es la única manera de tener todos los temas que se desea: en aquellos años no se grababan LPs "al uso" si no que los artistas registraban pocas canciones en cada sesión, los músicos de acompañamiento cambiaban frecuentemente (en algunos casos más que en otros), se grababa para varios sellos en lugar de tener contratos exclusivos durante una larga temporada... Pero he de reconocer que este no es exactamente el caso. Quizá lo lógico habría sido proponer una recopilación de los años del "Cotton Club", o bien de lo que se conocía como música "jungle" (un tipo de Swing exclusivamente creado por el talento de Duke y que mezclaba la ortodoxia jazzística con ritmos casi tribales) o de los años 40, cuando su talento compositivo y quizá también interpretativo llegó a su cénit, pero la tentación de incluir esta mastodóntica caja ha sido irresistible.

Como su propio nombre indica, son grabaciones registradas para la RCA-Victor y por lo tanto falta lo que grabó para Columbia y muchos otros sellos esporádicamente, pero en cualquier caso estos 24 CDs parecen ser suficientes para "introducirse" en el artista que muchos han denominado "el mejor compositor americano del Siglo XX". Y no seré yo quién contradiga esta apreciación. Está claro que hay otros candidatos cualificados para tal título (Gershwin, Porter, Berlin, Rodgers, Hart...) pero es que Ellington además de componer (más de 2.000 temas a lo largo de su vida) ejecutaba sus creaciones, llevó al Swing y por extensión al Jazz por terrenos tremendamente personales y originales, y su influencia e importancia en la música popular americana no tienen parangón.

Los siete primeros CDs recogen grabaciones realizadas desde 1927 hasta 1934. Son los años de mayor experimentación con todo tipo de sonidos, de música elegante y estilizada, siempre sorprendente, y por supuesto mucho más variada que la de todos sus colegas líderes de Big Bands en la época. “Cotton Club Stomp”, “Mood Indigo”, “Solitude”… así hasta 131 temas, incluidas numerosas tomas alternativas, dan una idea de lo que hacía el duque cuando el Swing nacía, crecía y se reproducía.

Después del salto de 1934 hasta 1940 (en los años que grabó principalmente para Columbia) nos encontramos con las históricas (y para mi gusto, las mejores) composiciones realizadas conjuntamente con su amigo inseparable Billy Strayhorn. Aunque Ellington y Strayhorn eran como la noche y el día en muchos aspectos (Billy era homosexual, menudo y tímido), formaron el tamden compositivo y artístico definitivo. “Take the A Train”, “Perdido”, “C-Jam Blues”, “Ko-Ko”, “Cotton Tail”, “Sentimental Lady”… son absolutos clásicos versionados e interpretados en infinidad de ocasiones. Son nada menos que 10 discos, del octavo al decimoséptimo los que recogen lo grabado entre 1940 y 1946. El resto de los CDs contenidos en esta imprescindible caja se reparten entre los tres “Sacred Concerts”, que como su propio nombre indica tienen temática religiosa o espiritual y fueron ofrecidos en distintos recintos religiosos en los años 1965, 1968 y 1973, y distintas tomas en directo y en estudio de sus temas más representativos realizados durante los años 60. Para finalizar, en el disco 24 se escucha el último concierto que ofreció Duke, y que está dedicado a la memoria de Billy Strayhorn.

Es una caja cara y difícil de conseguir en estos momentos, pero seguro que algún amigo, aunque sea en la distancia, os puede dejar una copia. Si le dais una primera oportunidad, las 25 horas que pasareis disfrutando de esta maravilla se multiplicarán en el futuro.

Ken Burns Jazz: Fletcher Henderson

Sello: Columbia/Legacy
Fecha de publicación: 2000
Fecha de grabación: 1924-1940

Fletcher Henderson fue uno de los primeros directores o líderes de una big band, y de hecho contribuyó decisivamente al 'boom' del Swing durante los años 30. Durante esos años, multitud de orquestas se hicieron muy famosas, vendiendo millones de discos y llenando los locales, "ballrooms", donde la gente joven y no tan joven iba a bailar noche tras noche. Cada una de esas orquestas tenía su propio sonido, y aunque no todas poseían la misma calidad, crearon una época inolvidable dentro del Jazz y, por extensión, de la cultura americana. Es evidente que muchos se subieron al carro de la moda y empezaron y/o acabaron por hacer música excesivamente popular y fácil, que poco o nada tenía que ver con el Jazz. Tal y como decía en el comentario de la caja de Louis Armstrong, este tipo de bandas generaron cierto aburrimiento, no ya tanto para el público como para los propios músicos. Todas las noches tocando lo mismo, y de la misma manera... pero no, no fue el caso de la orquesta de nos ocupa. Fletcher Henderson era un gran compositor y arreglista, además de un descubridor inagotable de talentos. Nada más y nada menos que gente como Ben Webster, Roy Eldridge, Coleman Hawkins, Lester Young y el mismísimo Armstrong formaron parte de su orquesta, la cual estuvo en activo durante más de 16 años.

El recopilatorio de Ken Burns Jazz es ideal para conocer la música de Henderson, y también un documento imprescindible para escuchar los inicios y el desarrollo de todos los músicos que colaboraron con él. Esto ocurrirá en muchas ocasiones durante nuestro periplo, que abarcará 50 discos imprescindibles y 40 años de Jazz, la música americana por excelencia. Nos encontraremos que además del protagonista de muchas grabaciones, será interesante escuchar cómo aparecen también otros músicos que en el futuro gestarían grandes obras maestras ya como absolutas estrellas.

¿Qué es Ken Burns Jazz? Además de una colección de discos recopilatorios (en algunas ocasiones imprescindibles, otras no tanto) se trata de una serie de 12 documentales de una hora de duración que repasan, de manera impecable, entretenida y didáctica toda la historia del Jazz. Está editado en DVD y qué decir tiene que es de obligado visionado para cualquiera que esté mínimamente interesado en este tipo de música.

Los temas contenidos en este CD están ordenados cronológicamente y los transfers son de la mejor calidad que puede encontrarse, lo cual es importante ya que debido a la caducidad del copyright en la música grabada en esa época, pueden encontrarse recopilaciones de todo tipo y de calidad auditiva ínfima.

De entre todas las canciones cabe destacar "King Porter Stomp", compuesta por Jelly Roll Morton, pianista y compositor genial y pendenciero, que aseguraba haber inventado el Jazz él solito, "Queer Notions" escrita por el gran Coleman Hawkins, y "Sugar Foot Stomp" de Armstrong y Oliver, pero son 22 temas imprescindibles dentro de una larga carrera dedicada al mejor Swing que se pudo escuchar en la época de la Gran Depresión.